viernes, 13 de abril de 2007

Nene...

Recuerdo claramente una situación de hace mucho, pero mucho tiempo. Una peña del centro de estudiantes, yo, casi una nena, y A., un compañero de marchas y pintadas. En algún momento (después de bailar Redondos, por ejemplo) dijo algo así como "nena, no me histeriquees* más".
Juro, como podría haber jurado en alquel momento, que no tenía la menor idea de que me estaba hablando, lo que sea que haya hecho lo había hecho sin querer.
Pasado el momento de confusión, aprendí algo. Y, claro, a partir de entonces lo practiqué un poco y hasta creo haberlo perfeccionado bastante. Después dejé de usarlo por mucho tiempo pero eso, al fin y al cabo, es otra historia, una suerte de impasse.
Y depués del después, cuando pretendí haber recordado como era, otro flash. No era una cuestión de género!, es más, el juego que se establecía a partir de entender que no lo era estaba bueno, muy bueno. Atractivo y efímero, pero eso también es otra historia.
Hoy (bah! en estos días) entendí que se puede histeriquear sin querer, aún sin ser mujer y sin ser adolescente. En realidad, entendí que me pueden histeriquear sin querer.
Claro, así no hay juego. Pero bueno, estamos grandes... ya no jugamos como antes, casi no jugamos.... Y no bailamos Redondos. Así que no puedo, simplemente, decirle "paremos un toque que me está matando el calor, dale, busquemos un lugar con un poco más de aire... " o, más fácil aún, "querés que haga de cuenta que no te gusto?".
De hecho, creo que lo más adecuado sería que alguien le avise... a mí no me da.



* del verbo "histeriquear", que no encontré en mi diccionario. La verdad es que lo escribí así porque queda más lindo que histeriquiar (aunque así suena)

Cuando sea grande quiero ser feliz

(de Pag.12):

En el Reino Unido, la empresa de formación profesional City and Guilds hizo una encuesta para descubrir cuáles son los trabajadores más felices. El resultado fue sorprendente, porque no estuvo relacionado con la remuneración ni con una vida lujosa. El índice de mayor satisfacción laboral correspondió a los peluqueros. Tres de cada cuatro coiffeurs de Gran Bretaña quieren volver a trabajar después de un día libre. Después vienen los terapeutas de belleza, los cuidadores de niños y los plomeros.

martes, 10 de abril de 2007

y es así...

sin ningún motivo obscuro. De pronto las calles recorridas una y otra y mil veces son bonitas nuevamente. Y una se acuerda de Pángaro y su "no quiero que me olvides, rayo de luna sobre la tres". El mismo otoño, la ciudad de siempre. Pero son esas cosas que trae la ilusión consigo. Así de pronto. Sin reparos, sin condenas, sin prejucios y casi sin juicios. Como siempre, una puede hacerse la tonta pero "¿quién no soñó una vez que la ilusión lo era todo?".
Y por qué no? Si.... ya se porque... Pero no importa. Por un rato nomás.
Mientras tanto la 47 está linda hoy, como siempre. En esa esquina nos encontrabamos con Li y los chicos jueves por medio, comprabamos la cerveza enfrente ¿ves?, en esa cuadra una noche en la que ibamos en muy mal estado (él y yo) nos cruzamos con el prof. de interacción y se me ocurrió conversar (no me voy a olvidar mientras viva!), en ese supermercado, cuando se llamaba distinto, veníamos con los chicos del colegio a robar fibrones para el centro de estudiantes, ¿te conté del centro de estudiantes?... fue hace mucho tiempo... demasiado.
Pero la 47 sigue estando linda, pese a que no haya azahares todavía.

Pegarle a un maestro

Mex Urtizberea
La Nación

Lo sabe un chico de cuatro años, de salita celeste, que ni siquiera sabe hablar correctamente.
Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.
Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el secundario.
Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad en la que nada se sabe con certeza.
Lo saben sus padres.
Lo saben sus abuelos.
Lo sabe el tutor o encargado.
Lo saben los que no tienen estudios completos.
Lo sabe el repetidor.
Lo sabe el de mala conducta.
Lo sabe el que falta siempre.
Lo sabe el rateado.
Lo sabe el bochado.
Lo sabe hasta un analfabeto.
No se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores, los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe, pero no lo saben algunos gobernadores.
Son unos burros.
No saben lo más primario.
Lo que saben es matar a un maestro.
Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.
Lo que saben es golpearlos con un palo.
Lo que saben es dispararles balas de goma.
A los maestros.
A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.
Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.
Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.
Pero no se le puede pegar a un maestro.
No se le pega a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Y no lo saben porque son unos burros.
Y si no lo saben que lo aprendan.
Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.
Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.
Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, se les fije en la cabeza, lo reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan, ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores, los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:
Que no se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
No debo pegarle a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen, incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.

lunes, 9 de abril de 2007

Qué decir....

"Vos tenés que ponerte tetas", soltó mi compañero de habitáculo, así, como si nada. Te parece? pregunto, pregunta boba, claro, pero pregunto. "Si loca, no porque no estés buena porque sos una de esas minas a las que uno le daría más de una vez, y sin emborracharse. Pero uno te mira, te escucha hablar y piensa que sí, a esta mina me la cogería pero es demasiado inteligente, demasiado segura, demasiado mina. Noooo, a ésta te la cogés y te saca la cabeza". Pero boludo yo no soy así... esbozo tímidamente. "Ah, no? Te estoy diciendo que te cogería y en vez de mandarme a la mierda estás analizando lo que te digo... ¿cómo sos entonces?. En serio, fijate, te ponés unas buenas tetas (el gesto se los debo) , un escote adecuado y bajás el perfil. Yo no digo que dejes de ser así como sos, pero con unas tetas considerables se notaría menos.... Además tenés que reconocer que todo trámite te saldría más rápido. Mirá esa amiga tuya, por ejemplo, (mentira, no es mi amiga) ¿es inteligente?, capaz que si, pero nadie sabe..., tiene buenas tetas".
La verdad... me dejo pensando.

domingo, 8 de abril de 2007

Hay que seguir buscando
compañeros
de eso se trata el camino.
Por los suburbios de la muerte propia
por las calles recorridas tantas veces
reiterando
insistiendo con la búsqueda
de esa luna morena hecha refugio.

Es posible que nos encontremos
y ahí veremos
si nos tocamos o no
y si aprendemos
a mirar el camino con los ojos de otros
de esos otros
que con sus ojos marcan el camino.

Tendremos que explorar muchas veredas,
y verdades,
abrir ventanas y destapar ideas,
volver a las banderas y las flores,
cruzar los dedos, gritar hasta que duela
animarnos a buscarnos y encontrarnos,
porque es así
porque era cierto,
el destino es la búsqueda
es ahí
donde están los besos

(de L.M. hace un tiempo)

martes, 3 de abril de 2007

No creo que sea pedir demasiado

Yo quisiera que el mundo siga más o menos así, pero con finales felices y las cuentas claras.
Que cuando empiece el desierto alguien avise: "este es el desierto, el descanso está después", que cuando una cargue la mochila con anhelos, de esos que pesan tanto como piedras, alguien te diga "todo bien, pero los sueños cuestan aún más de lo que cuesta cargarlos". Si me dijeran eso yo podría responder: ¡No es eso lo que importa!¡no!.
Lo que realmente importa es no saber si, al menos, ya llegamos al desierto, si después de esto habrá un descanso que nos permita sacar de la mochila el racimo de sueños, y contarlos. Y repartirlos. Entre los amores, pocos, y los amigos, tantos. Los desconocidos, miles. Los que vendrán, o fueron, cargados de las mismas mochilas, como piedras.
En el fondo no me estoy quejando (ni creo estar pidiendo demasiado). Sólo quiero saber si hay un después, mientras me ocupo, gris, del mientras tanto.